Fernando Daquilema Ruíz y la Memoria Popular


Fernando Daquilema Ruíz y la Memoria Popular


“De tu semilla brotamos

Y de tus huellas hacemos camino

Hatum Daquilema, en tu memoria somos”

Sarawi Andrango

Darío Iza Pilaquinga


En el levantamiento de Taita Fernando Daquilema Ruiz, Manuela León y muchos otros comuneros, nos cuenta la historia que, cansados de las injusticias perpetradas por el poder político, religioso y militar, deciden levantarse y exigir que se respeten sus derechos frente al cobro de los diezmos y aduanas que exigían un alto precio y además se cobraba más de lo convenido. Pero había otro contexto que no cuenta la historia. Este era la violencia simbólica contra las personas, familias y comunidades, el racismo que enfrentaban de parte de los mestizos, los mishus que vivían en las ciudades en Yaruquíes y Riobamba; los hacendados, los militares, los abogados, los médicos, los comerciantes, el mayordomo, el kipu, el capataz, los curas y las monjas que trataban como quiera a los runas. 

Si ahora Riobamba es una ciudad muy racista, ¿cómo sería en 1871, cuando se levantan las comunidades? Los Wayrapamushkas utilizaron las fiestas para dominar, explotar y engañar en el carnaval o en otras épocas del año, ellos eran los que escogían a los priostes y entregaban las imágenes para que les hagan las fiestas. El prioste obligado tenía que buscar la plata para dar la fiesta. Tenía que vender los animales, los terrenos o pedir plata prestada a los mismos que le obligaban a hacer la fiesta. 

El prioste tenía que comprar la comida, la bebida, la ropa y dar unas buenas limosnas a la iglesia y a los compadres mishus. A ellos había que pedirles la bendición y permiso para hacer la fiesta. 

Después que comían bien, bailaban y bebían, se iban los “invitados especiales” llevando buenas wanllas para algunos días, y el prioste se quedaba con su familia y los comuneros, más pobre, más endeudado, con la promesa de que el santito le ha de ayudar. 

Contra esto también se levantaron en Quera y le nombraron a Fernando Daquilema Ruiz como su líder. Él, que era joven recién casado, pero que los comuneros le conocían desde chiquito, le conocían al papá, a la mamá, a sus abuelos, a sus tíos. Por ellos sabían que Fernando era un buen líder y que él podía conducirles a la victoria. 

Cuentan los historiadores que le nombraron su Rey y le pusieron una corona y una capa, y dijeron: '¡Daquilema, ñucanchic hatun apu!'. Tal vez pasó, tal vez no pasó así, pero lo que sí pasó es que le nombraron su líder a él y a otros comuneros de otras parroquias, en asamblea, discutiendo, preguntando a los mayores, y le entregaron el asial y el bastón de mando, y la gente alegre celebró. Comieron las papas timbu, el tashno, los cuyes asados con la chicha de machica, la chicha de jora, bailaron con los chimbuceros, el pingullo, la caja, los bocineros y el churo, contentos de que estaban haciendo bien y de que iban a triunfar. 

El 8 de abril, hace 154 años, es asesinado Fernando Daquilema Ruiz a manos de soldados del ejército que lo fusilan. ¿Pero qué pasó con su cuerpo? ¿Dónde lo enterraron? en el cementerio de Riobamba con los hacendados y mishus seguramente no. 

¿Talvez lo enterraron en Yaruquíes, Punin o en Quera?. Nadie sabe, pero las comunidades seguramente sí lo despidieron. Su viuda, Martina Lozano, se encargaría de hacer el Aya armay y velarlo. Se habría hecho la tomina, se jugaría al wairo, al perro y se habrá gritado '¡Aaaaiiiiiiiiiiijaaaaaaaaaa!' en nombre del líder que nunca murió, que está aquí presente y que en su comunidad San Miguel de Quera vivirá por siempre."

Eduardo r Yumisaca Jimenez

08 abril 2026

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